El hidrógeno se está convirtiendo en el eje central sobre el que pivotará el transporte y la movilidad en los próximos años. Un elemento que, aún lejos de usarse en el ámbito comercial e industrial, apunta ya a ser clave para reducir la contaminación y cumplir con los estándares medioambientales.

Industria Aeronáutica

Quizás este sea uno de los retos más grandes a los que se ha de enfrentar el hidrógeno para lograr ser un combustible útil para la industria. La dificultad reside en encontrar una buena relación peso/potencia en las pilas para no mermar la duración de los vuelos.

De igual manera, empresas como Airbus trabajan para poner en marcha los primeros vuelos de prueba propulsados por hidrógeno a mediados de esta década. Estos podrían reducir hasta un 90% las emisiones de CO2 en comparación con los combustibles fósiles.

HyPoint, una empresa nacida en Silicon Valley, está desarrollando un sistema de celda de combustible de hidrógeno, un innovador elemento que superará al resto de las tecnologías de alimentación eléctrica, además de multiplicar por siete la densidad de energía de las baterías de litio, facilitando la transición a la movilidad cero emisiones en la industria de la aviación.

Industria Naval

Una realidad más cercana es la utilización del hidrógeno en la industria naval. En la actualidad, ya se están haciendo pruebas para el transporte y utilización de este tipo de combustibles. Tal es así, que a principios de este mismo año, el barco Suiso Fontier completó su primer viaje, transportando H2 para ser una futura estación de recarga móvil para los barcos que usen hidrógeno.  

Al igual que con la industria aeronáutica, las grandes distancias que deben recorrer los barcos y el tiempo que podrían llegar a estar en alta mar suponían una dificultad para su abastecimiento. Sin embargo, recientemente, en un símil con la industria de automoción, se está desarrollando un sistema que permitiría a los barcos suministrarse de H2 con estaciones de recarga situados en puntos estratégicos en el mar.

Movilidad y Automoción

Para el sector ferroviario el horizonte es realmente positivo de cara a la utilización de este tipo de combustible. En España existen más de 6.000 kilómetros de vías sin electrificar, lo que significa que parte de la población no tiene acceso a este tipo de movilidad. Para electrificarlas se necesitarían, al menos, 2.810 millones de euros.

La solución podrían ser los trenes de hidrógeno con un doble beneficio: llegar un mayor número de sitios sin la necesidad de esa inversión millonaria y una menor propagación de combustibles fósiles.

Sin embargo, se estima que estos motores de hidrógeno, a día de hoy, sólo son capaces de transportar hasta cuatro vagones y a una velocidad de 160 kilómetros por hora. Cifras aún lejanas de los 250 km/h a la que circulan los Alvia o a los más de 300 km/h que pueden alcanzar los AVE.

En cuanto a la industria de la automoción, es la que más complejidades presenta en la puesta a punto de estos combustibles. La dificultad reside en los encarecidos costes de fabricar este tipo de vehículos, con el futuro obstáculo de las ventas en el mercado, y los problemas de almacenamiento del hidrógeno, en donde los puntos de recarga similares a otras energías no son igual de eficaces que con el hidrógeno.