La energía eólica marina busca convertirse en el eje tractor de las energías renovables. Su tecnología demostrada y su bajo impacto visual y acústico se presentan como una de las soluciones más atractivas, pese a que las barreras gubernamentales aún lastran su impulso definitivo en el panorama energético.

Tecnología de vanguardia

La facilidad en el transporte y sus pocas limitaciones en la capacidad de carga hacen de la eólica marina un atractivo sobre el que impulsar la transición energética hacia el futuro. Una de sus principales fuentes de valor es la capacidad de generar potencia en comparación a la eólica terrestre: la eólica marina logra 10 MW de potencia a diferencia de en tierra firme, donde se consolidan potencias en torno a los 5 MW.

Por el momento, el liderazgo de estos parques lo sustenta Iberdrola en Estados Unidos con un desarrollo de 800 MW, con la que atiende a más de 400.000 hogares y empresas. Un modelo que intentan replicar en Europa, concretamente en Saint Brieuc, Francia, con una capacidad de 500 MW. Se prevé que el parque estará operativo el verano que viene, y ha sido el astillero gallego de Fene el encargado de llevar a cabo la fabricación de los Jackets – estructuras que sustentan a los aerogeneradores en el mar – por un valor de 350 millones de euros, y es que Galicia en concreto es una región con enorme potencial para dar respuesta a todas las necesidades de la cadena de suministro de la eólica marina.

Pese a que las barreras administrativas, de mantenimiento e instalación son un hándicap para la implantación de estos parques, la Unión Europea y sus países miembros buscan una aceleración hacia la transición verde, expandiéndose masivamente con energía limpia para allanar el camino en la independencia en materia energética, sobre todo en el momento actual donde el plan REPowerEU busca acabar con la dependencia del gas ruso.

Oportunidad estratégica

Europa cuenta con una oportunidad estratégica para posicionarse como líder en este tipo de energías. Reino Unido ocupa el primer lugar, seguido de Alemania y Países Bajos, consolidando el 64% de los GW generados por la eólica marina en 2021. España, lejos de ser un referente, tiene una oportunidad determinante con sus 6.000km de costa. Con profundidades que oscilan entre los 100 y los 1.000m, la instalación de turbinas en sus costas se haría fundamentalmente a través de estructuras flotantes, en las que puede convertise en referente.

Este tipo de estructuras permite llevar los aerogeneradores a aguas más profundas y alejadas de la costa, en donde las rechas de viento son más potentes y con un menor impacto visual y acústico.

Dentro de este marco de oportunidad, el mayor parque eólico marino previsto en Galicia instalaría una potencia de 1.200 megavatios (MW) repartidos en 80 aerogeneradores a más de 30 kilómetros de la costa de Ferrolterra, que se colocarían en dos fases y pueden crear más de 6.000 empleos. Este proyecto entra dentro de la hoja de ruta del Plan de Ordenación de Espacios Marítimos, que busca promover entre 1.000 y 3.000 MW de eólica marina en operación para el 2030.

Sin embargo, el POEM aún está pendiente de aprobación por parte del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), algo que preocupa a industria y promotores, porque la excesiva burocracia y falta de marco normativo está lastrando el desarrollo temprano de esta industria en España. La paradoja es que el país, y la región de Galicia en concreto, cuenta con el recurso eólico y el know how para liderar esta industria en Europa, pero el riesgo es que se pierda este tren por falta de respuestas a tiempo.

En el marco actual, las previsiones de la eólica marina son tan positivas como urgentes, en vistas del tope de gas por la exención ibérica, la dependencia del gas ruso y el enfriamiento de Argelia en sus relaciones con España, factores todos que avivan una mecha en la aceleración de una energía limpia y local. Los proyectos crecen y los parques también, su tamaño promedio se ha duplicado en 10 años, según WindEurope. La eólica marina es cada vez más grande, se construye más lejos y en aguas cada vez más profundas. Unos avances que auguran un largo y próspero futuro para los parques de aerogeneradores offshore, eso sí, para aquellos que lleguen a tiempo a este tren del futuro.